UN NÓMADA Y 1200 CC

MIQUEL SILVESTRE, 50 AÑOS, ESCRITOR

DÉNIA, 11 DE DICIEMBRE DE 2018

 

158 CV

Su afición por la moto es de toda la vida, el viaje nómada empezó a los 40. A los 8 años su padre le regaló una moto infantil. Desde aquella, otras muchas le han acompañado en su proceso formativo, desde adolescente hasta adulto. La moto y él son buenos aliados.

Miquel Silvestre dirige y presenta Diario de un nómada en La2 de TVE y no deja de publicar libros sobre sus viajes. Porque la escritura y la historia son la gasolina para sus aventuras en moto recorriendo el mundo. Sí, es posible, y más ecológico.

Tú no haces el viaje, el viaje te hace a ti.

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Empezaste publicando ficción

Con tres relatos, pero la literatura no me daba para vivir. A los 40 decidí dejarlo todo y tomarme un año sabático para escribir otra novela. Quería viajar en moto, apartarme de mi entorno habitual. Llegué a Irlanda y encontré la historia de Francisco de Cuéllar, náufrago de la Invencible. Decidí seguir su camino en motocicleta. Así empezó la indagación histórica y el viaje en moto.

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Y en 2008 publicaste un reportaje sobre él

El viaje en moto y la investigación de personajes históricos eran un lugar por explorar. Seguí tirando del ovillo, y los viajes empezaron a multiplicarse… Estados Unidos de costa a costa, África de Norte a Sur… Publicaba reportajes para diferentes periódicos nacionales, y mi primer libro de viaje en moto: Un millón de piedras, con catorce países africanos, tres mil estrellas y una princesa.

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Desarrollaste el viaje en moto desde una perspectiva literaria

Disponía de las herramientas de escritor. Los viajes cada vez eran más y más ambiciosos, cada vez me llevaban más lejos.

En 2012 llega el gran proyecto que lo cambia todo: La vuelta al mundo

De él nace un libro que lanzamos en enero de 2019: La vuelta al mundo, ruta exploradores olvidados. El viaje en solitario y el origen de la serie Diario de un nómada. Quise documentarlo muy bien, cámara en mano y un objetivo bien claro: llegar a más personas con imágenes y crear interés por mis libros. El programa La Aventura del saber de Televisión Española me hizo una entrevista sobre aquellos vídeos amateur. Más tarde me ofrecieron colaborar con pequeños reportajes de 7 minutos, como el viaje a Samarcanda o al Sáhara español.

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Nace la serie Diario de un nómada

Un formato propio, sí. En enero cumplimos la 8ª temporada con Carreteras extremas y se han publicado dos libros sobre la aventura. Esta serie de televisión me permite llegar a más personas, a los lectores. Parece que el escritor que no sale en la tele no existe. La pantalla es divertida, es un juego, pero lo verdaderamente importante es lo que queda escrito.

El viajero en moto…

Es dios. Es el rey del viaje, se mueve con total autonomía, se alimenta de libertad y genera simpatía y curiosidad por donde pasa. Los paisanos siempre sienten mucha curiosidad por saber quién es ese que llega en moto, se acercan, tocan la moto, te preguntan… El hielo se rompe con mucha facilidad.

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Si no hubieras viajado solo durante tantos años…

No sería la persona que soy. No haría la serie como la hago. El viaje en solitario es la verdadera escuela, te demuestra quién eres tú realmente, desprovisto de excesos sociales, de protecciones de nuestro entorno, sin poderte refugiar en el grupo. Cuando estás solo, cada día debes resolver las dificultades del camino, conseguir comida, agua, gasolina y un techo. Debes buscarlo por ti mismo, hablar con la gente. Nadie consigue la comida por ti, no cuentas con un compañero o una pareja que te ayude en las situaciones que se presentan. Tú debes resolver todos tus problemas. Es muy ilustrativo de quién hay dentro de ti. Por otro lado, es mucho más fácil que la gente se abra ante un viajero solitario que ante un grupo. Nunca llegas a estar solo. De hecho, los momentos en soledad son auténticamente buenos.

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El destino

Lo marca el personaje histórico, aunque después el camino se extienda. Me dejo llevar por la indagación histórica de un explorador, haciendo su camino como eje central. Hay otros destinos a los que voy porque me gustan, como Dakar. Aunque la ciudad no tiene mucha poesía, para mí está llena de sentido.

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Los planes de viaje cambian

Al principio no planificaba nada. En África, por la Ruta del Este, no sabía ni qué país venía después, no miré ni un mapa, fue divertido. En Kazajstán me quedé sin visado, me retuvieron en la frontera, me ficharon y firmé una declaración que no entendí, me mandaron a Rusia y allá tampoco pude entrar. Mi visado había expirado cuando entré en tierra de nadie. No planificar te sorprende mucho, pero debes saber qué documentos necesitas para cruzar fronteras, para que el viaje no se convierta en un obstáculo de sí mismo. Encuentra un punto medio, conoce algo de la historia y los lugares indispensables. Deja un gran margen a la improvisación para salirte de la ruta o quedarte en un lugar que te guste, no te cierres a tu propio itinerario. Ten la libertad de desviarte.

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¿Y el tema de los idiomas?

Con Inglés, algunas palabras de Ruso y Francés consigo pan, gasolina y un lugar donde dormir. Si quieres entenderte, te entiendes. Lo que falta son ganas de querer entenderse. Me he sentido más incomunicado en un país europeo que en Indonesia.

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Cuéntanos un momento crítico

No hay muchos, y también son críticos por cómo los vives personalmente. En 2009 secuestraron a 3 cooperantes de Barcelona Acció Solidària en Mauritania. Entre la frontera y Nuakchot, capital del país, hay 600 km de desierto y carretera. Allá les tendieron una emboscada y los vendieron a Al Qaeda en el Magreb Islámico. Me quedaba sin gasolina, así que paré a repostar en una gasolinera del Sáhara occidental, antes de cruzar la frontera, a unos 90 km de la zona donde los secuestraron, al norte de Nuakchot. Llegué por la tarde, solo quedaba diésel, ni gota de gasolina. El ambiente era muy espeso, demasiados ojos mirando, mauritanos de un color negro como el betún, otros más arabizados que me miraban con un desprecio absoluto. Los africanos tienen una virtud: tienen el alma radiografiada en la cara. Cuando están simpáticos, lo sabes bien, cuando no lo están también… Toda aquella gente me observaba demasiado. Sentía la tensión de sus miradas clavada en mí. En la frontera compré un seguro y el tipo que me lo vendió, al ver mi pasaporte español, me comentó que Moratinos era muy buen ministro. Aquello me alertó. Un vendedor de seguros estaba al tanto, así que todo el mundo en Mauritania sabía de las negociaciones del gobierno español para liberar a aquellas personas. Iban a pagar 5 millones de dólares por su libertad.

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Un precio alto

Cuando te das cuenta de que tu cabeza vale tantos billetes en uno de los países más pobres del mundo, te has quedado tirado y no puedes moverte, empiezas a agobiarte. Todas aquellas personas estaban pensando demasiado. La mayoría de gente que me encuentro por el mundo es buena, pero conviene mantener cierta prudencia. En aquel momento recordé la película Fargo, secuestro voluntario. Sentí pavor. Cuando ya no veía salida, apareció un camión para repostar. Les pedí que me llevaran a Nuakchot. En África, los camiones son como barcos, llevan tripulación. Metimos la moto en la carga y me subí a la cabina con seis africanos muy, muy negros. La carretera estaba plantada de controles. En cada uno me escondía para evitar dar explicaciones y mostrar los papeles. Yo solo pensaba: “Espero que estos tipos sean buenos, porque sino estoy colaborando en mi propio secuestro”. Fueron buenos y llegamos a Nuakchot. Bajamos la moto, les pagué 60 euros y fui a un albergue seguro a dormir. El día siguiente salí de Mauritania. Fue el momento en que sentí más miedo. Aquellas miradas me dejaron claro que no era bien recibido.

Un momento bueno

He tenido muchos. Cuando entré en Zimbabue desde Zambia me encontré un país totalmente descompuesto. El ex presidente Mugabe no pagaba salarios y el dólar zimbabuense ya no circulaba, la moneda se había hundido y la gente quemaba los billetes en la calle. Le había comprado una moto a un alemán residente en Kenia. Yo no era ciudadano keniata, así que no podía poner la moto a mi nombre, iba sin papeles. Cuando llegué a aquella frontera, me encontré con unos funcionarios muy cabreados. El policía que emitía la autorización temporal me llevó hasta su despacho, lúgubre y oscuro. Me dijo que con aquella documentación era muy difícil pasar a Zimbabue. Al oír la palabra difícil, supe que sería difícil pero no imposible. Le dije: “If you help me I’ll help you”. Literalmente contestó: “How much the hell are you talking about?” Por 50 dólares conseguí la entrada. Un subidón, porque pude completar mi viaje hasta Ciudad del Cabo. En África, todo es posible.

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Eres embajador de Biosphere

Es una etiqueta de turismo sostenible que evalúa y concede certificaciones a destinos turísticos que cumplen los estándares que marcó la Unesco. Desde el compromiso con las emisiones, la reutilización, el uso y el consumo de productos locales hasta otros criterios como el no abuso y la no discriminación. Básicamente, se me ha concedido porque desde la vuelta al mundo he gritado el problema del plástico. Está por todas partes, en playas, ríos, en las pirámides de Egipto, en la avenida de las esfinges de Luxor o en islas desiertas y paradisíacas del Caribe entre Colombia y Panamá. Todo está lleno de basura. Basura. Cada vez cuesta más hacer encuadres donde no salga. Nuestra obligación es recogerla y contar qué está pasando. En Diario de un nómada siempre hablamos de ello, muestro la basura para que todo el mundo se dé cuenta de qué está pasando. Esta es la realidad del planeta, y hay que cortarlo. El plástico es un cáncer. También debemos saber que la motocicleta es un medio de transporte mucho más limpio que los aviones. La huella de carbono que dejan los vehículos de explosión es muy superior. ¡Usemos otros medios!

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Un buen viajero

Paga sus facturas y recoge su basura.

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